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Muere Pedro de la Serna en Monterrey

Fue novillero, torero bufo, apoderado y maestro de toreros

La Fiesta se viste de luto una vez más con la muerte, el día de ayer, del que fuera novillero en retiro y gran taurino, Pedro de la Serna, a la edad de 83 años, pues había nacido el año de 1937 en Saltillo y, más tarde, junto con sus padres y siete hermanos, la familia de Hipólito Sandoval Serna, que era su verdadero nombre, se trasladó a Monterrey para buscar un mejor porvenir cuando él apenas tenía 10 años.  

Uno de sus hermanos, Ernesto, quiso ser torero, pero declinó muy pronto, sembrando en el menor Hipólito las ganas de vestirse de luces y triunfar en la profesión. En honor a su madre, Ernesto tomó su apellido bautizándose taurinamente como Ernesto de la Serna, de ahí que años más tarde su hermano se hiciera llamar profesionalmente como Pedro de la Serna.  

Debutó en 1953 como novillero sin cuadrillas en Anáhuac, Nuevo León, en un festejo donde alternó con Antonio Vázquez Narro, Fernando Noyola y Marcelo Acosta, quien llegaría a ser conocido apoderado de Arturo Gilio y, años más tarde, juez de plaza.

Su primer maestro fue Paco Aparicio, padre de la torera Juanita Aparicio, quien por aquellos años montaba un espectáculo cómico taurino. Debutó formalmente como novillero en el Lienzo del Charro de la Ciudad de México, en 1954, cortándole las orejas y el rabo a su novillo perteneciente a la ganadería de Ibarra.  

A los 21 años, el 23 de julio de 1954 hizo su presentación en la Plaza México, al lado de Juanita Aparicio y el tapatío Rubén Aviña, con novillos de La Laguna. A partir de ahí sumó más de 60 novilladas, en innumerables varias plazas del país. Pudo tomar la alternativa como matador de toros, pero rechazó un ofrecimiento que le hizo un empresario coahuilense, al considerar a sí mismo que todavía no estaba listo para dar el gran paso, un gesto que le honra y que deberían de tomar como ejemplo muchos novilleros de estos tiempos.

En 1970 se retiró de los ruedos en la Plaza de toros Guadalupe, luego de 16 años de picar piedra. Tras su despedida siguió ligado siempre a la fiesta ya fuera como organizador de festejos, formador de toreros, charlot, torero cómico, veedor o apoderado. Apoyó las carreras de jóvenes que luego se convirtieron en matadores de toros como Roberto Ortiz "El Fotógrafo", Mario Escobedo, Marco Antonio Alvarado, Hernán Ondarza, Arturo Manzur, Gerardo Rodríguez "El Giro" y el novillero Juan Padilla, quien fue su último alumno.  

Durante años fungió como juez de callejón, juez de plaza, asesor taurino o cambiador de suertes en los palcos de la autoridad de las plazas de Nuevo León.  

Su cuerpo está siendo velado en las capillas Valle de la Paz, de la avenida Chapultepec, en Monterrey, Nuevo León. Desde esta redacción enviamos nuestras más sinceras condolencias a su familia por la muerte de tan singular taurino y estimado amigo.






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