Efemérides: "La Corrida del Siglo"

Cartel con Ruiz Miguel, Luis Francisco Esplá y José Luis Palomar

Han pasado 38 años de la llamada "Corrida del Siglo" en Las Ventas de Madrid, aquel 1 de junio de 1982 cuando compartieron la salida a hombros los matadores Ruiz Miguel, Luis Francisco Esplá y José Luis Palomar, ante un destacado encierro de Victorino Martín, así que el ganadero también fue paseado en volandas

Los toros dieron un juego muy atractivo y en el ruedo de Las Ventas hubo emoción. Ruiz Miguel se llevó oreja y oreja, en tanto que Luis Francisco Esplá desorejó a su segundo astado y José Luis Palomar cosechó un apéndice en su primero y otro en el siguiente.

Al día siguiente, el reconocido periodista Joaquín Vidal escribió una emotiva crónica en el diario El País, misma que reproducimos en la mayor parte de sus fragmentos:

"La corrida que vimos no llegó a ser la mejor de las posibles; otras habrá con toros más bravos y faenas más completas. Fue, en cambio, un modelo de autenticidad, y gracias a ella la emoción se enseñoreó del espectáculo. El público, que abarrotó el coso, vibraba con un entusiasmo pleno, y se satisfacía del reencuentro con la fiesta de siempre, la que viene reclamando durante años con pasión y fe de iluminado.

"Salieron los victorinos irrepochables de trapío, impresionantes de cornamenta, y bajo su capa cárdena lucían esa personalidad que los distingue de sus congéneres. Tenían la estampa de la agresividad encerrada en una lámina armoniosa, esbelta, pletórica de poder. Y además derramaron la más pura casta, nobleza, y algunos también bravura excepcional.

"Cada una de sus embestidas suponía un ¡ay! de angustia, aunque las dieran con boyantía, pues el toro de casta transmite en todos sus movimientos esa sensación de peligro. A excepción del tercero, que acusó mansedumbre, todos los demás fueron buenos. Sobre todo el primero, un toro de bandera, codicioso, bravo en varas y nobilísimo en la muleta; mucho más bravo y merecedor de premio que el cuarto, al que dieron la vuelta al ruedo.

"Ruiz Miguel, en una de sus habituales tardes de pundonor y entrega, aureolada por el continuo homenaje popular a su torería y a cuanto significa, muleteó a ese primer toro, reposado, dominador e incluso con destellos de inspiración, que alcanzaron momentos de gran belleza cuando en el platillo ligó una impecable serie de redondos cerrados con el de pecho de pitón a rabo.

"Al cuarto, que tenía genio y se revolvía en un palmo de terreno, lo sometió por la izquierda con tanto poderío que puso los tendidos en pie mientras en la plaza atronaban los gritos de ´¡torero, torero!´.

"´¡Torero!´ fue clamor durante toda la tarde. La afición se volcó con los lidiadores, lo mismo los de oro que los de plata, pues hasta los subalternos, pasados los primeros sustos que producían las fuertes embestidas y la leyenda de la divisa, tuvieron también una actuación importante. Destacó Martín Recio, el cual dio todo un curso magistral de valor y técnica en la brega al tercero.

"Ese victorino fue manejable y Palomar lo recibió con unas verónicas embraguetado, cargando la suerte y ganando terreno; lo banderilleó con facilidad, y le hizo una faena de muleta valerosa, ajustada y de honda reciedumbre, que coronó con un soberbio volapié.

"En el sexto, aún más noble, el bravo diestro de Soria se gustó en un trasteo variadísimo en el que hubo ayudados por alto como prólogo y como culminación; naturales cargando la suerte, y de frente juntas las zapatillas; ayudados a dos manos, cambios, afarolados, molinetes y pases de pecho echándose todo el toro por delante.

"Por su parte, Esplá, que lidió y muleteó con habilidad y entrega al segundo, armó un alboroto en el tercio de banderillas del quinto tras el cual hubo de dar la vuelta al ruedo. Le había hecho un quite por faroles, al que replicó Palomar con otro por tijerillas y delantales. Ambos gozaban de las mieles que estos victorinos de leyenda llevaban dentro.

"Llegó el toro al último tercio con una embestida de terciopelo, y lo aprovechó para cuajar una de las mejores faenas que haya hecho en su vida. Los pases en redondo, principalmente, salían ligados con el primor del encaje y, finalmente, se adornó, arrojó los trastos a la arena y anudó la pañoleta a una de las tremendas y astifinas astas.

"Victorino Martín, que fue aclamado en distintos pasajes del festejo, ofreció en Las Ventas un corridón de toros. El público estaba como enloquecido y con frecuencia coreaba frases para proclamar los valores esenciales de la fiesta verdadera, la qué exige con pasión y fe de iluminado, pues ella es la que ha jalonado la rica historia de este espectáculo centenario.

"Al final, después de dos horas y media de gran espectáculo vivido con emoción creciente, los tres matadores y el ganadero, entre aclamaciones de una multitud enfervorizada, salían a hombros por la puerta grande. Y el público, pegando pases por la calle Alcalá arriba".






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