Adiós a un gran ganadero

José Carlos Arévalo recuerda al ganadero, al hombre y al amigo

Parafraseo a Machado y digo: Borja era, en el mejor sentido de la palabra, bueno. Bueno pero inteligente. Admiraba y quería a su padre con razón. Quería a sus hermanos y los respetaba como ganaderos. Jamás una crítica, siempre una alabanza. Adoraba a sus hijos. Y a su hijo Borja le cedió en vida la capitanía de Jandilla. Inteligencia y bondad. 


Y era leal a sus amigos, el amigo que nunca falla. No tengo ánimo, en estos momentos de vacío, para comentar, como merece, su obra ganadera. Sí quiero afirmar, para que no haya la menor duda, que hizo "su toro", fiel al tipo de "Juanpedro", pero con más trapío, con la misma casta y con las embestidas más rematadas. Tuvo el coraje de no perder ni una de sus reatas, ni las de bravura vigorosa ni las de bravura templada. Por eso, sus corridas abrían carteles de figuras o de toreros con la hierba en la boca, con mucho que apostar.

Por eso no perdió uno solo de los caracteres de la bravura que atesoraba su padre y que el mantenía. Y por eso, cuando la deriva de una temporada no le gustaba, siempre había donde buscar remedio. Era un virtuoso a la hora de empadrar sus vacas, la más difícil faena de un criador de bravo. Más aún si la ganadería es larga como Jandilla. La de Borja estaba tan cuajada que se la podía llamar, con todo merecimiento, vacada. Es decir que cuando fallan los sementales –y Jandilla cuenta con más de setenta– las vacas mantienen el nivel. Pocas ganaderías traspasan esa frontera…

Pero no quiero seguir evocando la noble figura de Borja como un aficionado que le admira. Ahora solo pienso en el amigo que se ha ido. En la familia desolada. En el reburdeo de los "jandillas" que lloran su ausencia. En esta noche triste y oscura de "Don Tello". En el vacío que nos dejas, amigo Borja, tan caballero, tan leal, tan sencillo. Descansa en paz.






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