Con El Fino llega la nostalgia      

Finito cuajo una excelente faena al segundo toro de su lote

Todos los que vamos a una plaza de toros y disfrutamos del toreo llevamos dentro de nosotros una forma de sentirlo, aunque no nos pongamos delante de ese maravilloso animal, rey del campo bravo, que es el toro de lidia. Tal vez llevemos dentro de nosotros un torero, quizá frustrado. Uno confiesa que si hubiera sido torero le hubiera gustado torear como algunas tardes lo hace Finito de Córdoba. Ese es un sueño y una confidencia que uno se permite, quizás a la ligera. Perdónenme.

La tarde de ayer y en especial la faena del Fino al cuarto toro, fue una invitación a la nostalgia, a un toreo que marcó la etapa en la que maduramos como aficionados. Era el que se hacía hace treinta años, cuando imperaba la naturalidad, cuando algunos toreros andaban por la plaza haciendo gala de eso tan caro que es la torería, y no como hoy hacen algunas figuras, que parece que van pisando sobre un campo de patatas. 

Entonces se buscaba la pureza, la naturalidad era caro atributo y llegaba la cadencia, y la belleza. El corazón, algunas tardes, nos latía como a borbotones y nos sentíamos privilegiados por ser aficionados. Ayer parecía que el tiempo volvía atrás y nos emocionamos gracias a Juan Serrano.

Por medio hubo una excelente corrida de Fuente Ymbro, que derrochó bravura por parte de algunos toros, y sobre todo clase, pues de seis y salvo el tercero, primero de Ginés Marín, todos regalaron soberbias embestidas.

Finito vistió ayer un precioso terno de terciopelo. Hasta en eso se sentía torero. La faena que hizo al segundo no fue redonda pero sí de mucha enjundia, de mano baja y muletazos por abajo, que es por donde se hace el toreo de cante grande. Brotaban los pases largos y profundos, con ese giro de muñeca tan personal y con esa majestad, moderadamente abierto el compás, que engrandece una figura, ya muy elegante y reunida de por sí.

Lo mejor llegó ante el cuarto. Toreo rotundo del Fino por los dos pitones, con el trazo del muletazo hacia abajo. El torero acompañaba con todo, también con el corazón. Series en redondo muy ligadas, tremendas de buenas en las que toreó al natural, un punto el línea, bellísimos los remates, el molinete y los ayudados guapos. Olé por el empaque y la prestancia de esa figura juncal. Pero este torero no se siente con la espada, cobardón él, que se va de la suerte. Pero claro, algo malo tiene que tener. Menos mal que acertó a la segunda entrada.

Una pena el que el sexto no doblara tras una buena estocada de Ginés Marín, lo que le impidió el triunfo. Fue ese un buen toro a pesar de que soseó de salida y al que el paisano le hizo una faena a más. Bello y de mucha torería el comienzo, rodilla genuflexa. Siguió en redondo, primera serie ligada, bien rematada. Una segunda más lograda, llevaba largo al animal, que le respondía.

 Al natural, una tanda en la que primaron los remates, de mucho sabor. Era mejor el pitón derecho y por ahí volvió Ginés, tanda de cinco y el de pecho. Solemnes los naturales finales, de muy buen trazo y las bernadinas. Y lo dicho, la espada.

Antes tuvo el garbanzo negro del buen encierro de Ricardo Gallardo. Le tocó en desgracia un toro reservón, sin clase, al que le costaba seguir la muleta por abajo y cuando iba, salía con a cara a su aire. Abrevió el torero.

El lote lo sorteó Román. Torero valiente y muy voluntarioso, de mucha entrega, es verdad también que en lo artístico está limitado y ayer disminuido por la que parece ser una lesión en la muñeca derecha.

Fue muy bravo el segundo, primero de su lote. Galopaba, humillaba y tenía profundidad en su embestida. El mérito de Román fue hacerle la faena en los medios, donde los bravos pesan más y al que se le dio la vuelta al ruedo. El quinto fue un animal enclasado, de mucho durar y al que el torero le hizo una faena entonada. Lo llevaba por abajo, ligaba las tandas pero remató muy mal con los aceros.

Ficha
Valencia, España.- Decimoprimera corrida de la Feria de Fallas. Seis toros de Fuente Ymbro, desiguales de cuajo y hechuras. Encierro muy completo. Noble pero rajado al final el primero; bravo y encastado el segundo, al que se le dio la vuelta al ruedo; reservón y muy deslucido el tercero; noble el cuarto; noble y enclasado el quinto; bueno el sexto. Pesos: 536, 500, 543, 574, 544 y 545 kilos. Finito de Córdoba (vino viejo y oro), que sustituía a Emilio de Justo: Ovación tras dos avisos y oreja). Román (burdeos y azabache): Ovación y ovación tras aviso. Ginés Marín (azul eléctrico y oro): Silencio y ovación tras dos avisos.






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