Historias: Cine y toros en México

Gracias al cine se ha logrado recuperar el paso, la memoria...

Así como el quehacer de los antropólogos ha sido rastrear, recuperar, identificar y ubicar todos aquellos documentos conocidos como códices, que recuerdan no solo la gloria de determinados personajes, sino las guerras, así como los diferentes sistemas políticos de un pueblo o su religión. 

También no dejan de inscribirse valores de vida cotidiana, con lo que nos acercamos a una idea más precisa de cómo se desarrollaron determinados momentos, tiempos o épocas de un pasado que parecían irrecuperables, aunque por fortuna tan inmediatos gracias a su rescate, resguardo e interpretación precisos.

Del mismo modo, existen otra serie de testimonios que fortalecen en esa medida la circunstancia del pasado, con lo que nos es más inmediato, de ahí que lo podamos conocer un poco más, pero también un poco mejor. Los archivos fílmicos vienen a convertirse en invaluables acervos, colecciones y reuniones de "códices de la imagen" los cuales aglutinan y recogen todos aquellos síntomas en los que se movió determinada sociedad, documentos conocidos en nuestro país desde 1896.

Desde el 8 de julio de 1960, la Universidad Nacional Autónoma de México consciente del significado del cine como un instrumento de divulgación histórica, formó la FILMOTECA, como principal repositorio donde habrían de rescatarse, cuidarse, mantenerse y clasificarse -siguiendo el modelo de los antropólogos respecto a los códices- todos aquellos materiales que, en sí mismos encierran el valor de hechos y testimonios relacionados con acontecimientos históricos, sociales, artísticos, sin faltar los que comprenden aspectos de vida cotidiana.

 En este último apartado quedan incorporadas las corridas de toros, con imágenes que se remontan a 1895; llegan a 1975, momento en que la generación del cine es desplazada por el video pero no por ello deja de registrarse en ese nuevo formato que cada vez evoluciona y que incluso sirve para resguardar los viejos materiales sometidos al riesgo del paso del tiempo.

Ahora bien, entre otros fines concretos de la Dirección General de Actividades Cinematográficas –mejor conocida como FILMOTECA de la U.N.A.M.- se encuentran no solo documentales, sino también películas de ficción. (Recordemos que las películas pueden clasificarse como documentales cuando fueron filmadas in situ, o de ficción, cuando se trata de escenas reconstruidas en otros lugares). 

Gracias a todo lo anterior, hoy es posible saber que muchos de los documentos ya indicados, provienen, en su mayoría de colecciones que formaron en su momento personajes como los hermanos Alva, Jesús H. Abitia, Salvador Toscano y otros plenamente reconocidos. También están los materiales logrados por diversos anónimos y personas que tuvieron, además de los recursos para realizar dicha actividad, la pasión y un sentido por el rescate de la memoria.

Lo verdaderamente notable es que estos documentos recogen a los héroes populares, esos que se pensaban perdidos hasta que al volverse a destapar viejas latas y colocarlas en enormes proyectores retornan en el tiempo hasta nosotros, con lo que nos damos cuenta del significado que tuvieron y que siguen teniendo. Esas imágenes nos permiten entender la forma en cómo evolucionó la selección y gusto de la sociedad por diversiones como la de toros. 

De ahí que volvamos a fijarnos en una más de las herramientas de la antropología, unidas también al quehacer histórico y sociológico que acude para enriquecer el soporte interpretativo necesario para entender en mejor forma el contexto resguardado en viejos nitratos.

Por razones que se desconocen, pero que pueden ser simple y llanamente intolerancia, indiferencia o desinterés, muchos historiadores, intelectuales y gente de la cultura ligada al cine manifiestan su rechazo por la fiesta brava, misma que pasa por ser excluida de la historia como registro documental, lo cual mueve a concientizar a quienes se ven involucrados para que, dejando a un lado ciertos prejuicios, valoren la calidad de muchos materiales hoy sujetos al riesgo de que desaparezcan si no se atienden a tiempo y con un criterio común, tal y como se aplica para otros registros que ya vemos no solo son documentales o películas de ficción. 

Probablemente sean mucho más importantes aquellas imágenes sin argumento específico, pero que poseen uno propio inmensamente rico. Y no nos referimos exclusivamente al asunto taurino -del que se hace énfasis-, sino también de otros géneros y ámbitos cotidianos que no pueden quedar excluidos por ningún motivo. 

Como sabemos, dicha expresión de la realidad, y una más de las categorías que el arte ha puesto al servicio de la tauromaquia, ha podido recoger desde finales del siglo XIX y hasta nuestros días un amplio despliegue de registros entre cortos, medios y largometrajes así como documentales que, de acuerdo al acopio de información el cual he reunido en un trabajo que lleva el mismo título de esta colaboración, alcanza los 516 títulos.

Así que entre "Lasso Thrower" (algo así como el "lanzador del lazo") filmada a finales de 1894 por los representantes de Thomas Alva Edison y donde el picador de toros Vicente Oropeza se convirtió en efímero protagonista. Y hasta llegar a "Francis Wollf es un FILÓSOFO EN LA ARENA", producción de este 2018 (gracias al quehacer de Aarón Fernández y Jesús Muñoz), existen infinidad de testimonios que ha recogido el cine, el video así como las generaciones tecnológicas de nuestros días, que por fortuna, permiten apreciar una buena mayoría; aunque es de lamentar la pérdida irreversible de otras tantas producciones o materiales.

En esa cuidadosa revisión faltan por agregar alrededor de unos 300 nuevos títulos sobre materiales que en años recientes han ingresado a la "Filmoteca de la U.N.A.M." Se trata de algunas colecciones particulares, de las que en su momento daré más detalles. Entiendo que entre un buen número de aficionados, estos conservan las películas originales que incluso llegaron a filmar padres o abuelos, lo cual significa que poseen el valor agregado de lo antiguo así como por el contenido que allí se concentra. 

Sin embargo, no hay que olvidar que se trata de material orgánico el cual, si no tiene las condiciones idóneas de conservación y preservación, corren el peligro de descomponerse y con ello, perderse para siempre. Confieso que la experiencia que he ido compartiendo con la FILMOTECA desde 2002 y hasta hoy ha sido invaluable, pues no solo tuve oportunidad de ser editor responsable de cuatros discos DVD en su colección TESOROS DE LA FILMOTECA DE LA UNAM (TAUROMAQUIA I-IV, 2002-2007), sino que he continuado una labor constante de rescate y calificación de otros tantos fondos los cuales ya son posibles observar en esta generosa institución.

El tema taurino no ha sido ajeno a la cinematografía en sus diversas expresiones, por lo que, hoy día podemos acercarnos a cintas que hicieron época, como "¡Ora Ponciano!" o "¡Torero!", obras dirigidas por Gabriel Soria y Carlos Velo en 1936 y 1956 respectivamente.
No dudo que ese compendio de materiales, sean profesionales, experimentales o caseros, y que han logrado aprehender muestras dispersas de acontecimientos taurinos, permiten apreciar en una idealizada "línea del tiempo" en al menos todo el siglo XX una mejor cobertura, por lo que ante lo evidente de la realidad de las imágenes, entendemos qué fue el toreo en diversas épocas.

Gracias al cine se ha logrado recuperar el paso, la memoria, aunque sean efímeros, donde aparecen algunos de esos héroes de los que nos han contado maravillas. O del momento en que ocurre un percance. Los hay que recogen escenas en el campo, en los tendidos de la plaza y otras locaciones.
Incluso el surrealismo, es posible apreciarlo en "Los caprichos de la agonía", de Juan Ibáñez (1972). O el hiperrealismo que consiguió Rodrigo Lebrija hace poco más de un año en su producción "El brujo de Apizaco", documental construido por sordas escenas de un personaje cuya aspiración es (era) el toreo.

Lamentablemente diversas tentaciones sometieron a Rodolfo Rodríguez que, por largos episodios, se convirtió en un ser vulnerable que ¿vive o vivió? en un "mundillo" soterrado, en descomposición. Esa realidad se encuentra ahí, provocando incluso discusiones gratuitas o desencantos de quienes esperaban una película de "toros", cuando en realidad se trataba de testimonios construidos por "El Pana", hasta su muerte.

No olvidamos en esta reseña documentales como la larga serie de "Cine Mundial", con más de 1000 títulos, concebida entre los años 50 y 70 del siglo pasado por Manuel Barbachano Ponce, y que hicieron las delicias de cinéfilos. En esos reportajes no faltaba el tema taurino exaltado con narraciones de personajes como Fernando Marcos, Ramiro Gamboa, Daniel Pérez Alcaraz o José Alameda.

En fin, que el cine –aquí y ahora-, es capaz de proveernos de todos esos encantos o crudezas que, llevados a la ficción, logran tejer tragedias y esperanzas; hazañas o silencios que trasminan desde esos materiales que conviene ponen en valor gracias a la dimensión de las historias que se conservan en su gran mayoría, en ese misterioso y explosivo nitrato.

Como habrán podido comprobar, la lista es larga y el espacio, que ya va terminándose… por lo que nos deja "picados", de ahí que futuras colaboraciones volveré a tratar con mucho gusto temas como el cine y los toros. Hasta la próxima.

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