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Historias: Toros y poesía

"...arrojan datos que van de sorpresa en sorpresa..."

El "Tratado de la poesía mexicana en los toros (siglos XVI-XXI)", que he venido trabajando desde hace 32 años, cuenta ya con aproximadamente 2500 muestras, en 3 mil páginas. Las múltiples lecturas y publicaciones a las que he tenido alcance, arrojan datos que van de sorpresa en sorpresa, con lo que es posible encontrarnos ya con un conjunto de autores, lo mismo de reconocida fama que auténticos desconocidos.
   
Allí están Luis de Sandoval y Zapata, Juan Ruiz de Alarcón, sor Juana Inés de la Cruz, Manuel Quiros y Campo Sagrado, Guillermo Prieto, Octavio Paz o Ernesto Hernández Doblas que es, entre los poetas actuales, uno de los que sensible al tema taurino, ha escrito versos notables.

Este trabajo reúne largos poemas, equilibrados sonetos, hai kus o hai kais, corridos, letras de canciones, así como un conjunto notables de versos anónimos. La confección es variable. Muchos responden a la manufactura más clásica, y otros se van por el verso libre. Hay poetas mayores y menores y más de algún poetastro, y todo verso hasta hoy encontrado, tiene un lugar en esta obra, que cuenta ya con una antología de la antología donde el rigor de la selección logró reunir –con lo mejor de lo mejor- alrededor de 150 poemas.

Ya se verá la mejor forma en que una obra así logre publicarse, sobre todo porque en nuestros tiempos las plataformas digitales lo permitirían sin ningún problema, salvando evidentemente la labor de acopio e investigación, evitando así conflictos que las leyes vigilan.
En otras circunstancias habría sido harto deseable una publicación en toda forma, tal y como ocurrió con la "Antología general de la poesía mexicana. De la época prehispánica a nuestros días", obra que en dos grandes tomos reunió, compiló y anotó Juan Domingo Argüelles hace un par de años, a lo mucho.

Bajo esas notas aclaratorias, debo apuntar el hecho de que recién se acaba de incorporar un nuevo habitante a esta obra. Se trata de "Los toros en la poesía. (Fiesta de toros). Antología poética" que el Ingeniero Dante Octavio Hernández Guzmán reunió en una curiosa publicación allá por 1994.
Dante Octavio Hernández tuvo, entre otras virtudes ser el responsable, hasta hace unos años del Archivo Municipal de Orizaba, Veracruz el cual lleva el nombre de José María Naredo. Y me consta la labor que desempeñó en el mismo, pues fue un archivista responsable, que difundió, lo más que pudo tan importante acervo, cuyas fechas extremas van de 1594 a 1970.

Hernández Guzmán es también, un aficionado a los toros. Así que, entre los varios títulos que ha dedicado a la historia local, no ha perdido de vista la tauromaquia que allí se ha desarrollado desde siglos atrás hasta nuestros días. "Orizaba en tiempos de toros", "De mi libreta de apuntes taurinos de antaño y de hogaño", así como la antología que, en esta ocasión es motivo de las presentes notas.

Reunió varios de los poemas más emblemáticos de José Alameda, Manuel Machado, Manuel Benítez Carrasco y Miguel Hernández "y los restantes de mi [personal] visión de los toros" –apunta Dante Octavio Hernández–; esto es el toreo literario lejos de los cosos, del olor a arena, a sangre, a miedo, es el éxtasis de la pasión por los toros, es revivir las imágenes de antaño y ogaño, es mantener viva la hoguera de la Fiesta aún sin existir la propia Fiesta, es poder sentir lo vivido y poder al través de la prosa y el verso transmitir el embrujo que en el aire se aposenta un domingo por la tarde en una Plaza de Toros… Porque esto es… LA FIESTA DE LOS TOROS”.

La edición, con tiraje de 250 ejemplares, se encuentra ilustrada con viñetas de Adrián Sánchez Oropeza que dan el toque a una obra sencilla. El editor de la misma, quizá con el acuerdo del autor, resolvió la presentación combinando los colores del capote de brega. Así que mientras portada, contraportada y guardas llevan el conocido color rosa, el papel de los interiores ostenta el amarillo que observamos en el envés del capote. Interesante propuesta.

Dos son los poemas con los que contribuye Hernández Guzmán, y lo hace cual si se tratase de un sobresaliente en cartel de polendas, buscando realizar el quite soñado mientras la afición lo reconoce con sonoras palmas. Leamos el primero de ellos:

Luz de luna.

I

Tropel de luces, sangre y colores
para un chiquillo que quiere llegar,
con gesto altivo, la vaca enfrenta
con luz de luna sobre el corral.

¡Je toro! grita impaciente…
¡Je toro! vuelve a gritar…
cuando la vaca embiste al frente,
con pie en firme la ve llegar…

Por la mañana los caporales
de un fango rojo ven el corral,
y en una esquina encuclillado
ven al chiquillo durmiendo ya…

Ya no hay luces, ya no hay colores
ya no hay luna ni soñador…
solo una madre que arrodillada
besa al chiquillo en su sopor…

II

La fiesta de toros tiene sus raíces, como toda
Flor, en el lodo abonado de miserias; pero…
Dispuestas están para quienes miran hacia
Abajo, y en la vida hay que mirar hacia arriba.
¡Siempre hacia arriba!

Negar belleza por reconocer miseria sería negar
El cielo por existir infierno. Y entonces…
¿a dónde está aquella hora de emoción?
¿Dónde aquel patio de cuadrillas?
¿Aquellos viajes?
¿Ese modo de vivir?
¿Para qué, señor, las amapolas?
¿Por qué la primavera sin clarines?
¿Por qué la taleguilla en el ropero?
¿A qué el capote en la silla?
¿Para volver Señor?,
¿Para volver?...

Otros escritos del autor, pueden encontrarse en: https://ahtm.wordpress.com/

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